Los nombres a prueba

Este año la familia creció con la llegada de mis tres sobrinitos tres. Cómo dice el agobiado padre, “operación 3 x1. El desenlace” aunque en realidad es el comienzo pero eso el padre aun no lo sabe.
Tres nuevos ciudadanos con  nombres y apellidos. Con los apellidos poco se puede hacer, pero el nombre  es otra historia. Eso de poner nombre a un hijo es una de las decisiones más difíciles que hemos de tomar los padres, una decisión que por más que la medites siempre es precipitada y nunca lo suficientemente meditada.

Te nace un hijo y tu estás allí con la nariz pegada en el cristal de la nursery, pensando si el nombre que teníais decidido es el mejor para ese pedazo de cielo que está en la cunita, cuando pasa por tu lado una señora, se mira el chiquillo y te dice algo así como…
“Ese niño es suyo?. Huy qué guapo. Tiene los mismos ojos que el chico este de esa pelicula … sí, esa que me gusta tanto… ahora no me sale el nombre… Niña! cómo se llama la pelicula esa del debedé que me regaló tu hermano?… Si esa de la chica que canta y el chaval ese tan majo… Lo has de saber… si la has visto un montón de veces… Ay, qué cabeza la mía.”
Para cuando la señora consigue averiguar el título y el nombre del actor, tú movido por un impulso irrefrenable solo justificable por un subidón hormonal, ya te has ido al registro y tienes un hijo que se llama Kevin, Kevin Garcia Fernandez. Una combinación que en algunos países resulta normal pero aquí la verdad es que no acaba de funcionar. Tanto da si el niño de mayor acaba siendo actor, albañil, notario o Académico.
En mi opinión creo que  habría que instaurar el “nombre de prueba”, y lo digo con total conocimiento de causa. Llevo un montón de años compartiendo nombre, primero con mi madre lo que dio como resultado que durante toda mi infancia yo ya no era Estrella sino Estrellita, lo que siendo grave de por si, es aun peor cuando se produce una lamentable coincidencia temporal con Estrellita Castro (he de aclarar que ella estaba en el final de su carrera y yo era una cría, porque una tiene años pero tampoco tantos)
Pero eso fue solo el principio porque desde esa fecha he compartido nombre con perros, yeguas, gatas, lejías, libretas de ahorros, empresas de seguros, elefantes y patatas fritas, por poner solo algunos ejemplos; eso sin olvidar las alusiones más o menos directas en forma de poesías o canciones, desde las melódico/cursis a las roqueras. De vez en cuando me vengo y por un ejemplo tengo un gato que se llama Sergi, porque mi amigo Sergi le puso Estrella a su gata.
Pero con mucho, lo que peor llevo es la cerveza. Aun a día de hoy, después de tantos años, cuando en algún bar alguien pide una cerveza “Marchando una Estrella!”, yo sigo volviendo la cabeza.
Hoy buscando una de esas tonterías que suelen interesarme he encontrado esta fotografía tomada en la calle de “La Estrella” en el barrio conocido como “El Raval” un barrio en el que actualmente se concentra una buena parte de los inmigrantes de todas las nacionalidades que viven en Barcelona pero que también ha sido feudo tradicional de entre otras actividades la prostitución y de ahí la tienda una de las más populares tiendas de “Gomas y lavajes” de la ciudad, hoy desaparecida.

Si me hubieran puesto Juanita, Mercedes o Montserrat no habría escrito esto.
La primera fotografía la tomé el pasado invierno en Londres y la segunda es de  Julià Peiró.

3 comentarios


  1. Creo que con eso queda dicho todo

  2. I’ve even seen beer ads for this beer here – it makes me think of you! That is a good thought for me, but I can understand why it must be frustrating having a name that is used for products etc. (My last name is ‘Parker’ and I grew up with people making jokes about ‘Parker pens’.) I loved hearing about how you called your cat Sergi … perfect revenge!!

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