Pastillas Juanola

Se ve que esta es la semana de estar de acuerdo con todo el mundo, salvo con mi hijo que hoy  antes de los “buenos días” me ha pedido 60 euros.

Esta mañana estaba en la terraza  de un bar aprovechando ese, según dicen, último sol veraniego, con  la cocacola, el bocata y el periódico donde he encontrado un  interesante artículo firmado por Justo Barranco, artículo que suscribo totalmente.

El título del artículo es “Concierto para piano … y tos”. Un título de lo más acertado porque  no sé en qué momento de la historia de la música alguien decidió que las toses debían integrarse en la partitura y lo han hecho, por lo general, en perfecta sincronía con el compositor.

Cuando la música baja el sexteto de toses sube. Cuando la soprano se prepara para el pianissimo es el momento ideal para el solo de carraspeo. [lang_ES]

Mi primer encuentro con la voz de Montserrat Caballé fue con una Traviata (de eso hace mil años) que se vio bruscamente interrumpida en el segundo acto, justo antes del  desgarrador “Amami Alfredo” por culpa de un catarro.  Mas recientemente, la temporada pasada, durante el inolvidable recital de Juan Diego Florez fuí víctima de un incontenible, pertinaz e insoportable picor de garganta.

La presión ejercida para contener lo que parecía inevitable fue tal que de haber llevado lentillas seguro que éstas habrían ido a parar a platea, pero cómo sea que no uso dichos adminiculos oculares, todo quedó en un esguince intercostal o mejor dicho cuatro, cuatro costillas afectadas, que me estuvo haciendo la pascua hasta Navidad.

Al parecer debo ser de otra época, de un tiempo en que la gente llevaba un pañuelito en el bolsillo muy práctico en estos casos, como muy bien se sugiere en “papeles” que no programas de mano del Liceu . Lamentablemente dicha recomendación se encuentra al final de la página y en letra pequeña por lo que nadie la ve, o al menos eso parece vista su nula efectividad.

Todo esto me ha llevado a pensar en mi amiga Teresa, y sus problemas de vecindad liceística, por cierto en verano estuvo en Bayreuth.

... Yo siempre tengo un caramelo a mano... me dijo en cierta ocasión una vecina de localidad.

Pues déjelo en su casa, porque en este caso como en otros muchos el remedio suele ser peor que la enfermedad.  No consigo entender, por qué habiendo cómo hay tanta variedad, de sabores y presentaciones, porqué el vecino de al lado mejor dicho, la señora de el vecino de al lado ha de llevar en el bolso caramelitos de los de antes, de los que van envueltos en celofán.

Los hay muy entendidos que cuestionan la acústica del actual Liceo, pues que se lo hagan mirar porque la capacidad de transmisión del sonido que producen las manos de una señora buscando el caramelito de marras dentro del bolso y su posterior proceso pretendidamente silencioso de apertura ,se transmite con una fidelidad que ya la quisieran muchas sopranos para sus pianisimos.  Pero es que además como pretenden no hacer ruido, lo van abriendo poco a poco, cómo si así se oyera menos, cuando en realidad lo unico que consiguen es aumentar la tensión.

Ya sea como sistema para liberar la inactividad forzosa, por sequedad ambiental o por puro afán de protagonismo la tos se ha convertido en un elemento más de la puesta en escena.  Por eso -desde aquí quiero hacer una sugerencia a los responsable de mecenazgo del Liceu y es que sondeen la posibilidad de contactar con, por ejemplo, pastillas  Juanola para que a cambio de unas de unas cuantas cajitas de pastillas (total son 2292 por representación)  se aseguren una publicidad perfecta, mucho más barata que un anuncio en la tele.  Además teniendo en cuenta el número de representaciones igual les salía a cuenta diseñar un envase monodosis. Pero, eso sí, por favor NADA DE CELOFAN o material parecido. Yo es que ya lo veo

JUANOLA  proveedor de El Gran Teatre del Liceu

No me negarán que queda de lo más elegante.

Hasta mañana

¿tienes algo que decir?