Crónica de cercanías

Tras el paréntesis estival hoy he reanudado mis “visitas” al Liceu (para los que no lo sepan, las comillas significan que no soy visitante sino quién se lo enseña a los visitantes para más detalles al respecto visitar “mi segunda casa”). Y con las visitas, también ha vuelto el tren.

A las ocho y media el vagón iba llenito,  lo suficiente como para tverme obligada a hacer el trayecto de pie, pero tampoco tanto como para que no se viera que la señora de mi derecha lucía un más que generoso estado de gestación, o eso, o eran trillizos.

Delante nuestro cuatro señoras más maduras que servidora y por supuesto mucho más que la ya mencionada gestante, charlaban animadamente, que es lo que se suele hacer cuando viajas en grupo y no llevas conectado el cerebro a la Ipod, como la mayoría de ocupantes de los demás asientos, circunstancia esa que además de anular su capacidad auditiva seguramente afecta también a la visión y por eso, y solo por eso, todos dormían o fingian dormir mientras la avanzada gestante permanecía en pie.

Después de “cepillarse” verbalmente a unas cuantas compañeras de trabajo, que casualmente no estaban presentes y por tanto indefensas, las señoras entraron de lleno en el tema urbanidad, y las buenas costumbres.

En aquel escenario jemplarizar su tertulia resultaba fácil:

Huella de zapato bajo el cristal de la ventana…. claro ponen los pies sobre el asiento y después vienes tú y así te queda la ropa…. claro, claro. Asentían sus amigas. Después estaba el chicle… lo veis, es que no falla, siempre hay un chicle pegado bajo el asiento…. claro, claro. Asentían las otras. También estaba lo del periódico…. ¿Os habeis fijado? Se va y deja el periódico ahí tirado…. claro, claro.

A este respecto me permito añadir que por lo que hace a los periodicos  mantengo idénticos criterios que con las mascotas, siempre se han de comprar, porque si la has comprado te cuesta más abandonarlo. ya sea periódico o mascota.

Y por último el niño durmiendo… claro es que en esos paises… dijo la que llevaba la voz cantante en referencia a una madre, de origen claramente sudamericano que en la hilera contigua echaba una cabezadita con su hijito de unos 8 o 9 años, con la cabeza sobre su regazo  recostado en postura casi fetal en el asiento contiguo, y por tanto con  los pies sobre el asiento… claro, claro.

En Plaza Catalunya nos hemos bajado la gestante, yo misma y un montón de gente mientras mis educadas señoras seguían cómodamente sentadas dirección L’Hospitalet.

El trayecto de hoy ha dado para más, así que si no os importa, mañana os cuento el viaje de regreso.

Hasta mañana.