La oratoria

Anoche Lola tuvo una de sus crisis; toses, vómitos, aspiración y ¡hala! para el veterinario, chute de antibióticos y ahí la tengo a la pobre, echada en el sofá con dos patas aquí y las otras dos en el otro barrio. Pero lo superará. Quizás debiera aclarar que Lola es uno de mis perros (si alguien se ofende por el nombre, sepan que servidora conoce un montón de perras, gatas, yeguas y hasta un jabalí conl os que comparto onomástica). Bueno pues ahí estaba yo a las tantas de la madrugada sentada en el sofá con la perra cogida por las patas delanteras intentando evitar la entrada de líquidos no deseados en sus pulmoncitos, cuando aparece mi hijo que, cosa rara esta noche no había salido. ¡Dios! las ganas que tengo de que empiece la universidad.

Para amenizar la velada tenía puesta la tele, que a esas horas es de pena, más de lo normal, lo único presentable o al menos distinto era la convención demócrata en Denver. Lo estaba viendo en la CNN, no por dar la nota ni porque mi inglés sea para muchas alegrías, pero Bill Clinton en versión original resultaba mucho más inteligible  que la versión de TVE. Después de prepararse un par de bikinis (nombre con que se conoce por estas tierras al sandwich caliente de jamón y queso) mi hijo se sentó un rato conmigo y mientras yo sostenía a Lola por los sobacos, si es que los perros tienen sobacos, estuvimos comentando la puesta en escena del acto, la capacidad oratoria de todos los Clinton en general, su movimiento en escena y la tarea del realizador.

Era como ver una película. Primer plano ascendente de la mujer negra con los ojos húmedos por la emoción ante un nuevo futuro (eso es versión novelada), o los dos jóvenes blanca ella, negro él, que cogidos de la mano tiene su mirada y su atención puestas en su maestro. Si estaba preparado, pues la verdad lo preparan muy bien. Después de unas pinceladas acerca de las herramientas oratorias, control de los silencios, gestualidad etc. que fueron seguidas con escasa atención por mi hijo, cuando éste acabó con la última miguita, dijo .. buenas noches .. le tocó la cabeza a la perra y se largó a dormir, y allí me quedé yo viendo el documental que Steven Spielberg había preparado especialmente para la ocasión.

Hablar con los hijos a veces es como hablar con una pared, o eso parece; pero mira tu por donde cuando hoy se ha levantado, a eso de las 12.30.  repito ¡Dios! las ganas que tengo de que empiece la universidad. El muchacho se va directamente a la biblioteca y se me presenta en la cocina con un diccionario bajo el brazo.

...Voy a leer el diccionario… Si, si, me parece muy interesante e instructivo (obsérvese el correcto uso de la conjunción “e”). Sabías que el “aal” (voz indostaní) es un árbol dela familia de la anacardiáceas….

Y  con bocadillo en una mano y en la otra el  tomo “1” del Diccionario Enciclopédico Espasa, mastodóntico donde los haya, se ha ido hacia el jardín, bajo la sombra de una encina, acariciado por una agradable brisa; un lugar perfecto para ampliar conocimientos y hacer la siesta. Porque mucho antes de llegar a “aardvark” Cerdo hormiguero, mi hijo dormía cual angelito. Lo que me ha hecho recordar aquella ocasión, hará de eso unos 10 años, cuando el chaval después de presentar una notas desastrosas alegó en su defensa que  le costaba mucho dormir. Y su padre, hombre racional y culto donde los haya, en vez de darle un vaso de “Nesquick buenas noches” o un “yogur con valeriana y melisa”, que es lo que se lleva hoy en día,  le dio “La guerra de las galias”.

Nunca consiguió pasar de la página 15.

Hasta mañana.