A toda vela - 23

Topic: La lectura del verano|

El 16 de agosto después comer algo y sacarnos la telarañas de los ojos y las nubes de la cabeza, poníamos proa a Andratx, las vacaciones tocaban a su fin. Era hora de iniciar el viaje de regreso.
Cuando hacía unas cuatro horas que estábamos navegando empecé a notar los efectos secundarios de una noche a ritmo de megamix. La tranquilidad del mar, el suave airecillo que nos empujaba pero sobretodo el cansancio acumulado hicieron que cayera una dulce siesta. Cuando abrí los ojos el aire y la humedad se me habían metido bajo la piel, parecía que hubieran pasado solo unos minutos, pero ya era de noche.
Después del gran esfuerzo que para su delicada constitución física había supuesto la estancia en Ibiza, Mercedes también dormía sobre cubierta sin darse cuenta que el sol hacía horas que se había ocultado. Anna, hacía lo propio delante de un televisor apagado y José Carlos con el brazo colgando del timón roncaba como un oso.
- ¡José Carlos!
- ¡qué! - Respondieron todos a la vez.
Estábamos en medio del mar con las velas flameando y sin tener puñetera idea de donde estaba Mallorca.
- Tranquilos que no pasa nada.
José Carlos bajó a la cabina a consultar nuestra posición con el de la pantallita, pero el tampoco respondió.
En esto de la electricidad los barcos son como los coches. Mientras el motor funciona las baterías se van cargando y en principio salvo avería, la cosa va tirando. Pero si una noche al salir de la discoteca te da por meterte por un camino solitario para disfrutar de la panorámica con la chica con la que acabas de ligar y para hacer el momento más especial pones a toda castaña los cuatro altavoces y el buffer, y si además como estás un poco nervioso no paras de encender cigarrillos con el encendedor del coche, y como hace un poco de fresco pones la calefacción y como sea que después la cosa se anima acabas poniendo el aire acondicionado, y si por un despiste con el codo le das al botón de la luneta térmica, y si concentrado como estás tampoco te das cuenta de que con el pie has puesto las largas y los warnings. Lo más probable es que entre la preparación de la estrategia, las primeras incursiones, el ataque propiamente dicho, la retirada y el epilogo, que por aquello de quedar bien se prolonga un buen rato, pues en estas circunstancias lo más probable es que una hora y media después te hayas quedado sin batería y tengas que llamar al coche de asistencia o decirle a la chica que se ponga el tanga y empuje el coche.
Pues eso más o menos es lo que le pasó al Escándalo.
Como hacía buena mar y el viento no era ni mucho ni demasiado poco y además soplaba exactamente en nuestra dirección, navegábamos a vela sin motor. Pero como para navegar a vela, según para quien, puede resultar aburrido y con algo hay que entretenerse Mercedes había enchufado el trasto ese que usa para alisarse el cabello y que desgraciadamente se quedó encendido todo el día. José Carlos hizo un montón de llamadas y claro al final tuvo que poner el teléfono a cargar y ya puestos puso también la máquina de fotos, la de video, que en todo el viaje no había usado, y la ipod. Servicial como pocos de vuelta a cubierta encendió el horno porque para cenar le apetecía pizza. A Ana no se le puede recriminar que quisiera saber como está el mundo y por eso se puso a ver las noticias, pero en agosto, salvo que a alguien se le ocurra organizar una guerra, las noticias suelen ser muy aburridas, por ese motivo antes de la información deportiva ya se había quedado dormida y la tele en marcha.
Al cacharro de Mercedes, el teléfono, la cámara, la ipod, la tele, y el horno había que sumar todos esos pequeños artilugios tecnologicos que hacen que navegar con el viento sea más romántico y confortable, es decir: el de la pantallita, el piloto automático, la cadena de música, el equipo de navegación, la sonda de profundidad, el radar, la radio y la nevera, que como siempre estaba al máximo.
Todo mientras navegábamos a vela y por tanto con el motor parado, lo que quiere decir que nadie reponía la energía que gastábamos.
- Tranquilos. Ahora conecto la otra batería.
Pero cuando José Carlos le dio al botón correspondiente se oyo un chispazo de los que asustan, seguido de un fogonazo.
- Cagon el Miranda.
Y allí nos quedamos, en medio del mar, sin viento, sin radio, sin cobertura y lo que aun es peor, sin nevera
continuará….
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