Bieito, el post-parto

Hace seis años asistí al estreno del tan traído y llevado Don Giovanni de Calixto Bieto, este año ha vuelto como la ópera “veraniega” que cierra la temporada y es la única ópera para la que no compré entrada, lo que no implica que me negará a verla, solo que no quería pagar por ello.

Con el ensayo a puerta cerrada y el Liceu que este año no se ha mostrado tan magnánimo como en ocasiones anteriores con sus voluntarios, ya pensaba que mi última representación sería la malograda Luisa Miller de la que hablé días atrás. Con estas que el marido de mi amiga Cristina se siente indispuesto y ya me tienes el pasado viernes 25 cómodamente sentada en una butaca de platea y sin pagar que ese era el objetivo (Cristina después lo arreglamos).

Conste que no tenía ninguna intención de hablar sobre ello, doctores tiene la iglesia o La Vanguardia, pero resulta que en el entreacto me encontré a María Jesús, voluntaria cómo yo: “pues a mi me ha gustado mucho” y lo dijo con sus ojillos pequeños y vivarachos brillando cual candilejas, a lo que se sumó su acompañante de esa noche. a quien no tengo el gusto de conocer, quién con una mirada que yo interpreté como “Vaya hombre otra fan del miriñaque”, añadió “es que este es el Don Giovanni del 2008”. Igual lo del miriñaque no estaba en su mente pero así lo percibí yo.

Bueno pues aquí está mi argumentación, larga ya lo aviso, sobre el Don Giovanni de Calixto Bieito y conste que me revienta mucho darle publicidad.

Así, de entrada, lo primero que he de decir es: a) no me gustan los miriñaques, léase la Manon Lescaut del año pasado y b) soy de las que les gustó el Lohengrin (sí, aquel de los niños escolapios). Dicho esto he de decir que a Bieito le reconozco dos grandes virtudes como director de escena, a) una gran habilidad para el movimiento escénico y b) un gran trabajo interpretativo, eso que se conoce como “saber sacar el actor que lleva dentro…”

La primera parte de la segunda parte (ahora parezco Groucho Marx) me pareció excelente con buenos recursos escénicos y perfecta ambientación (porque el situar Don Giovanni en una supuesta Barcelona post-olimpica bastante lúmpen, pues mira eso da igual). Bien hasta que entran en escena los carritos de la compra. Allí es cuando tengo la sensación de que Bieito piensa (es un decir) “Ostras! que bien me ha quedado esto, tan bien que igual gusta. No! no! que yo soy Bieito” y Hala ya la tenemos liada venga cosas pa arriba y pa abajo, ahora yo te doy por aquí tu me das por allá venga porquerias volando por los aires, tanto movimiento y tanta “cosa” que no sabes si estás en un partido de futbol o en una película de Tarantino, en cualquier sitio menos en una ópera porque ese es el quid de la cuestión la música se ha de oir y escuchar y cuando tus sentidos estan tan sobrecogidos por los huevos que salen volando en escena te olvidas de que ahí debajo hay una cosa que se llama música.

Hay detalles estúpidos muy significativos, por ejemplo. Entra Doña Elvira y canta aquella pequeña maravilla de ” a chi me dice mai”.

Doña Elvira es una mujer de posición ofendida que clama poder comerse vivo al sinverguenza de Don Giovanni, en absoluto una especie de homeless que arrastra su ruina personal en forma de bolsas de supermercado (una visión muy machista dicho sea de paso). Bueno pues porque puñetas las bolsitas no podían ser un poco más silenciosas. ¿Una estupidez? ¡No!. Don giovanni es una ópera no una obra de teatro con música.

Otra.

“Un tenor no tiene que cantar cargando a la soprano en brazos” dije yo. “Pero lo hace” fue la respuesta. Si ya vi que lo hacía, pero resulta que esto no es el circo, que no hay ningún problema en que el tenor luzca chocolatinas si las tiene, bienvenidas sean, es que simplemente se canta mejor sin cargar una soprano; que la cargue cuando acabe el aira, el efecto escénico será el mismo y yo habré podido escuchar el aria en condiciones.

En general toda la primera parte esta llena de excesos, demasiado ruido y demasiado movimiento todos los objetivos de dinamismo, actualidad, renovación todo eso se puede conseguir igual sin tanto ruido ni tanto exceso, pero claro volvemos a lo de antes. Bieito básicamente es exceso, exceso de drogas, de gestos soeces y sobretodo de sexo.

Don Giovanni es un seductor y como cualquier seductor tiene como fin último cepillarse a la moza. Hasta aquí de acuerdo, no voy a entrar a cuantificar el número de felaciones necesarias para calificar una ópera como moderna y perdona la ordinariez, pero es que estamos hablando de un Don giovanni que básicamente es ordinario.

Lo que me fastidia es que entre tanta droga, basura se pierda lo principal que es la esencia del personaje y con esto acabo.

Don Giovanni es un seductor, y seductor no es el hombre que tiene más paquete sino el hombre que, independientemente del aspecto físico o del tamaño y rendimiento de sus atributos, sabe decir a la mujer lo que ella quiere oír y de la forma como quiere escucharlo.

Lo que la mujer quiere oír lo escribió Da ponte que de eso sabía un rato y la forma la dió Mozart con su música. El Director de escena puede hacer lo que le de la real gana pero no puede desvirtuar eso que es la esencia del personaje, y el eje en torno al cual gira toda la obra. Y eso es lo que se pierde en esta puesta en escena, Don Giovanni pasa de noble sinverguenza a zafio, fanfarron y desagradable. De seductor a casi violador.

Querida Maria Jesús y amigo, espero que ahora entiendas mejor que es lo que no me gusta de Bieito. Mi problema nada tiene que ver con la basura, la droga o el sexo, aunque si con las cantidades.

Ten por seguro que Il Catalogo de el Don Giovanni de Bieito sería mucho más corto y de menor calidad que el del Don Giovanni de Mozart y ese es el problema que el viernes no vi, pero sobreto no escuche, salvo en contados momentos el Don Giovanni de Mozart, eso era otra cosa.

Y para muestra un botón y menudo botón Bryn Terfel. Este video incluye el recitativo previo al La ci darem la mano, porque personalmente opino, que en este caso es tan importante el recitativo como el dúo, es ahí donde un cantante ha de poner sus dotes interpretativas, potenciadas por un buen director de escena, al servicio de un personaje que ha de cautivar, ha de enamorar, ha de seducir.

Después llegará la hora del Don Giovanni canalla pero todo eso lo dejaron dicho ya hace 200 años Mozart y Da ponte, y de que manera.

Con todo mi cariño.

fotografia, Antoni Bofill

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