La salvadora de niños

Esta mañana me he enamorado, me he enamorado de una mujer, Irena Sendler.

Hace bastante tiempo que a mi vocabulario habitual se ha añadido una frase “de mayor quiero ser como ella”. Eso lo digo, por ejemplo cuando pienso en mi suegra, sí mi suegra; o cada vez que veo a Montserrat, mi AMIGA de 80 años, y lo digo así en mayúsculas y además pongo su edad, porque sé que a ella no le molesta, como no me molestaría a mi tener “sus” ochenta años. Pues lo mismo digo ahora ante la fotografía de Irena Sendler, de la que estos últimos días he oído hablar bastante, no lo suficiente, a raíz de su fallecimiento.

Muchas veces he pensado que vivir es cómo escribir un libro y la portada es nuestra cara, nuestra cara en la vejez. En cada arruga quedan escritas nuestros momentos felices y nuestras preocupaciones. En la vejez los labios desaparecen y solo quedan las sonrisas o las muecas. Y los ojos son pequeñas ventanas por donde se adivinan los recuerdos.

En su juventud Irena fue una heroína que con valor e ingenio arrancó de las garras del nazismo a multitud de niños judios, irremisiblemente condenados a la muerte. Supongo que cualquier día alguien hará una película sobre ella. Yo no creo que vaya a verla; porque no me gusta ir al cine y porque ninguna actriz podría imitar su sonrisa.

Para saber más sobre ella podéis mirar La Vanguardia de hoy (13/5/2008) o simplemente poner su nombre en Internet.

fotografia – La Vanguardia