La recepción

Ayer tuve lo que mi amiga Amparo de Madrid llamaría una recepción. Los parámetros que sigue Amparo para separar los conceptos: aperitivo, cóctel, cita o recepción, entre otros eventos, es algo tan complejo que me veo incapaz de reproducir aquí. Pero sí estoy en condiciones de afirmar que lo de ayer era una recepción, con todas las de la Ley, dado que cumplía cuatro de los requisitos básicos (según Amparo) para ser considerado como tal, a saber.

 

 

Marco incomparable, el Circulo del Liceo. Asistencia de personalidades, el concepto personalidad es siempre muy ambiguo pero sin entrar en demasiados detalles, podríamos decir que cualquier miembro de tan insigne institución sino lo és, al menos lo parece. Motivo relevante, es decir que no se trataba de tomar una copa porque sí; la reunión (la recepción) de ayer tenía un motivo muy relevante, al menos para la mayor parte de los asistentes que eramos una numerosa representación de los voluntarios del Liceu, convocados para recibir el agradecimiento de dicha institución por la labor que llevamos a cabo. Y, cuarto motivo, y principal, el jamón.

Porque cómo bien dice Amparo, una experta en estas lides, lo que marca la diferencia es el jamón. “Ya le puedes encargar el catering al chef más galardonado, que cómo no haya jamón, eso no es serio”. Y ayer había jamón, jamón del bueno, y también unas croquetas, que así de entrada resultaban un poco mosqueantes, más bien gordas y un poco contrahechas, pero a la hora de la verdad, parecían hechas por la Tieta Concha que en paz descanse.

Esto me permitió echar un vistazo a una exposición, que en estos momentos se puede ver allí, resumen gráfico de 60 años de ardua labor persiguiendo a los grandes de la ópera, con el único fin de conseguir su autógrafo. En ocasiones anteriores ya he comentado que en este tipo de situaciones los amantes de la ópera guardamos ciertos paralelismos con las Fans del Bisbal (veáse Rolando Villazon, firma, foto y beso) .

Se cuenta que en cierta ocasión un caballero trajeado y de posición, conocedor de las debilidades fisiológicas comunes a todos los humanos, ocultóse durante largo tiempo en un servicio hasta que la diva en cuestión, que humanas al fin y al cabo son, acudió a su cita perentoria. Asaltóla entonces el citado caballero cual poseso, con bolígrafo y libreta armado; y del susto que se llevó, la diva a este teatro jamás volvió.

Para cualquiera que esté interesado en estos temas les recomiendo una visita a la galeria de Sandy Steiglitz, donde podrán ver los frutos conseguidos por caballeros trajeados y no tan trajeados del mundo entero, y por supuesto, es de suponer, de muchas señoras, que en esto tampoco cabe hacer distinciones.

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