Reciclaje casero

Cuando el verano pasado me dio el habitual arrebato bricolajero y, con la excusa de sacar un armario que estaba un poco chungo, desmonté toda la cocina (y cuando digo desmonté, es que lo hice yo, no el operario de turno); una de las cosas que me obsesionaban (obsesionar tal vez sea exagerado) era el tema de la basura. En parte por propio convencimiento, pero sobretodo por no tener que escuchar las quejas de mi hija “qui ha ficat una llauna en el pot del paper?” (quien ha metido una lata en el cubo del papel?); total me monté un armario, cuya fotografia adjunto. Made in Ikea cómo casi todo.

Todos los miembros de la família, unos más que otros, cumplen con las normas. Eso no quita que de vez en cuando sea necesario hacer algun cursillo de reciclaje, para aclarar posibles confusiones entre los conceptos lata/periodico, o botella /fresa podrida (cómo la que se ve en la foto).

En el proceso de reciclaje doméstico, tarde o temprano llega el momento en que toda esta basura sale de casa, en mi caso cada día, en el de mis hijos cuando ya no se puede cerrar el armario, o abrir por el hedor consecuente. Normalmente esta tarea se hace con mi coche, al parecer el único homologado para estos menesteres.

Haciendo caso omiso a los televisores, bolsas de deshechos de jardineria, neveras y cortacespedes que acostumbran a abundar en el mal llamado “punt verd” (punto verde) más cercano a mi domicilio (por lo bajo un km. recuerdo que soy urbanita de las afueras) procedo a una nueva clasificación de los residuos.

El papel en el contenedor azul. “Vaya hombre, hoy tampoco lo han vaciado”.

Los envases en el amarillo. “Vaya por Dios, está lleno de papel”. Así que por imitación y no por falta de conciencia, procedo a echar dentro el contenido de mi bolsa amarilla, la de los envases, más el papel,. Total no vendrá de uno.

Los vidrios por supuesto en el verde.

La experiencia, no siempre agradable y en ocasiones hasta dolorasa, me demostrado la conveniencia de llevar unos guantes de jardinerio en el coche, con el fin de: a) no cortarme y b) no pringarme. Porque la boca de este contenedor es extremadamente pequeña, tanto que para echar un porrón primero lo has de romper, y además está situada en posicion completamente vertical lo que impide el proceso de vaciado directo; así que no hay más remedio que hacerlo de uno en uno.

Después llega el tema de la orgánica. Ese es mi favorito.

Mi ayuntamietno utilizando el chantaje de un descuento en la tasa de basuras, te facilita unas bolsas ad/hoc hechas creo que hojas de maíz. Al principio me tomaba la molestia de ir a recogerlas, cosa que solo se puede hacer, de lunes a viernes y en horario de oficina. En vista de las dificultades evidentes para combinar mis horarios con los suyos y que las referidas bolsas se rompian antes de ponerlas en el cubo, decidí renunciar a tan generosa oferta y no solo no me favorezco del descuento sino que encima pago las bolsas a 2.15 euros la bolsita de 15 unidades.

Al menos estas no se rompen, siempre y cuando no las llenes demasiado y las repongas a menudo, muy a menudo para ser exactos. Porque como te descuides empiezan el proceso de compostaje dentro de tu cocina, con lo que al sacarlas del cubo, las cebollas se quedan abajo y tú con la bolsa. Por eso siempre tengo la precaución de poner primero una bolsa normal tipo bolsa caprabo o similar y dentro la ecólogica.

Idéntico problema deben tener todos mis vecinos, porque el resultado de tan loable iniciativa es que el contenedor de orgánica, cuando no está lleno de elementos extraños, lease pantallas de televisión restos de la poda de un tresillo, lo está igual pero de preciosas y costosas bolsas ecológicas metidas dentro de bolsas del Caprabo, del Día o de lo que se tercie.

En fin. Pero a que el armario me ha quedado muy majo.