Operación bikini

Estos días en mi gimnasio, cómo en todos, hay overbooking. Ha pasado la semana santa, en el horizonte se vislumbra el verano y en la distancia corta se hacen presentes las cartucheras. Resulltado que esta mañana al llegar he encontrado ocupado mi sitio en el vestuario. No es que sea mio, en realidad no tengo ningún derecho de propiedad sobre ese colgador, pero es el que está mas cerca de mi taquilla, y es el que vengo usando durante todo el año.

Las personas, ya se sabe, somos animales de costumbres, y cualquier alteración, especialmente a determinadas horas sobretodo cuando aun no he desayunado hacen que el día ya no vaya como tenía que ir. Total que se me ha roto el gorrito de la piscina, se me ha derramado el champu en la bolsa y he cerrado la taquilla con las llaves dentro.

 

Y todo por culpa de esa señora, cuyo nombre desconozco, al parecer socia de toda la vida pero a la que no se le ve nunca el pelo, pero que hoy ha venido a probar la gran novedad, el vibrador.

Cuando me dijeron que el gimnasio habian puesto un vibrador, pensé “Coño! qué modernos” suerte que solo lo pensé y no lo dije, menuda imagen hubiera dado. Porque el vibrador a que se referian no era el que yo tenía en ese momento en la cabeza (dicho, claro está, en sentido figurado). Ese vibrador, que desdeluego se llama de otra manera mucho más “cool”, es una vuelta de tuerca más en ese muestrario de máquinas de tortura que acostumbran a ser las salas de fitness.

Este aparato concretamente se basa en diversas posturas en algunos casos cercanas al pilates, otras a la otrohora denominada gimnasia sueca y algunas que acercan a la usuaria (porque hasta la fecha solo he visto mujeres) a la postura del caganer del pesebre (que para quien no lo sepa es una figurita tradicional en los belenes catalenes que consiste en un pastorcito aliviando sus necesidades, con los años eso ha degenerado y hoy en dia hay caganers (cagones) de futbolistas, políticos, cantantes etc.)

Una vez bien definida la postura y regulada la respiración, se pone en marcha el aparato que, según me cuentan, genera una vibración que subiendo por la planta de los pies, suponiendo que sean estos los que estén en contacto con la superficie, recorre el cuerpo segun unas: “…cómo te lo diría, es algo así como si te pasará la corriente pero sin llegar a molestar …”. Según otras “… es cómo un hormigueo, que al principio da un no sé qué raro, pero al ratito empieza a resultar agradable …” . Las más expresivas, cómo Marianne directamente dicen: “… te mueve lo que no se te ha movido durante años ….”.

Tras estas descripciones y teniendo en cuenta que hay cola para montarse en el cacharro, empiezo a pensar que lo de llamarle vibrador es bastante acertado. Cuando pongan un “su turno” prometo coger un numerito y contar la experiencia, o no. Porque si es tan intensa cómo sospecho, se me llenaría la web con anuncios porno.

Hasta mañana.