El GPS y el destino

Mucho antes de que el GPS se popularizase, mi marido ya se hizo con uno. Bueno la cosa no fue exactamente así, la verdad es que se lo regalaron las chicas del despacho, hartas cómo estaban de tener que cantarle por teléfono en que esquina debía doblar. Y es que mi marido tiene una gracia especial para perderse. Tanto da si es en coche, tren o en la planta baja del Corte Inglés.

Desde el primer momento el hombre estuvo encantado con el regalo; a mi, en cambio, aquella señora con voz de Telefónica de los años setenta, me producía la misma sensación que orzuelo, siempre inmiscuyéndose en la conversación “en la rotonda tome la segunda salida a la izquierda”. De repente mi matrimonio parecía haberse convertido en cosa de tres, porque encima mi marido se divertía con ella. Venga a dar vueltas una y otra vez a la misma rotonda mientras ella seguía “tome la salida..” “ahora…” “está fuera de ….” “tome.. ” “está…”. Era un poco lenta de reflejos, o tal vez todo era más bien un problema de sincronia entre la particular forma de conducir de mi marido y su capacidad de reacción.

Ella, a su manera se quejaba “está fuera de ruta”, y eso es lo que más me exasperaba, su falta de sangre. Ya sé que hablo de una máquina, pero no me negarán que un “¿donde vas desgraciao” o un “Pero donde coño te has metido” de vez en cuando va bien, aunque solo sea para amenizar el viaje.

Su nueva compañera de viaje (porque esta también es mujer) es más rápida “tome la salida. ¡Ya!!, tiene más vocabulario “¡radar!” y aparentemente es más amable. Pero tiene una mala leche.

Porque a ver, de qué otra manera se puede calificar el que te vaya diciendo “su destino se encuentra a 500/200/100 metros”. Y eso te lo dice cuando vas circulando por una conocida carretera cercana a Barcelona que parte de Ronda de dalt en dirección a Cerdanyola, y que discurre por un recorrido serpenteante bordeado por bellos y altos cipreses, teniendo por único destino el Cementerio “ha llegado a su destino”.

Claro que no se si es peor lo de mi hijo que cuando menos te lo esperas, en cualquier esquina de la ciudad, va y te suelta “acaba de cruzar la frontera” Cuando se enteren en Madrid, buenos se van poner algunos.


Comments are closed, but trackbacks and pingbacks are open.